
Carmen Olguín
Es maravilloso cuánto pueden sanar las palabras. Aquéllas que son de impacto positivo y más aún las que te ayudan en el proceso de sanación, te restauran y te renuevan.
Hace algunos años, con un café en mano, Sandra Ramírez compartió conmigo un legado que me ha ayudado desde entonces. Me dijo que cuando la vida nos abate, cuando la vida nos da sinsabores y momentos difíciles, es bueno tomarse unos días para llorar, llorar y llorar para inclusive decir que la vida no vale la pena, sentir el enojo, la frustración, la ira, la tristeza, tirarte al suelo y llorar... en fin hacerlo. Me decía en esa ocasión, hacerlo tres días tirada, sin levantarte, quejándote...ok es válido. Pero una vez pasada esta catarsis, entonces... renacer. Tomar el timón y volver para seguir adelante.
​
¿Cuántas veces me ha pasado? Algunas, muchas, varias. Puedo compartir que sus palabras hasta el día de hoy resuenan para motivarme, alentarme, aterrizar y también para reír, dimensionando mi situación y sobre todo renovandome.
Muchas gracias Sandra Ramírez por tu valiosa aportación a mi vida

